La atención plena en nuestras rutinas puede marcar una gran diferencia. Pequeños ajustes en tu entorno cotidiano son los pilares de un buen confort.
Nuestras jornadas varían mucho dependiendo de dónde nos encontremos. Aquí te dejamos observaciones para cada escenario.
Las oficinas suelen tener luces fluorescentes fuertes y aire acondicionado continuo. Esto reseca el ambiente y, por ende, nuestra sensación de confort al mirar la pantalla disminuye.
Consejo: Acuérdate de parpadear conscientemente y, si es posible, ubica tu monitor perpendicular a las ventanas para evitar reflejos directos del sol.
Al trabajar desde casa, a veces usamos la mesa del comedor o el sofá, adaptando posturas incómodas. Si la pantalla está muy baja, tu cuello y tu mirada hacen un esfuerzo extra.
Consejo: Asegúrate de que la pantalla esté a la altura de tus ojos. Una simple caja debajo de la laptop puede mejorar drásticamente tu postura y relajar tu enfoque.
Ir en el tráfico o en el Metrobús en constante movimiento mientras leemos en el celular genera un esfuerzo extra para mantener el texto estable ante nuestros ojos.
Consejo: Si vas en movimiento, intenta escuchar un podcast de vez en cuando en lugar de mirar la pantalla fija. Dale un respiro a tu atención visual.
Cada media hora, aparta tu mirada de la pantalla y observa un objeto lejano por la ventana (un árbol, un edificio). Esto relaja los músculos del enfoque cercano.
Aprovecha las herramientas de tus dispositivos para darles un tono más cálido a las pantallas al atardecer, preparándote para un descanso más natural.
El polvo y las huellas dactilares con el sol de la tarde disminuyen la claridad, haciendo que te esfuerces más en ver. Pásales un paño suave regularmente.